LA MILICIA DEL MAR

BANDO CRISTIANO

FUNDACIÓN, DESCRIPCIÓN HISTÓRICA Y ORIGEN DEL NOMBRE

La Milicia del Mar  fundada en 2026 e inspirada en aquellas milicias costeras formadas por vecinos del propio pueblo, mujeres y hombres que, lejos de los grandes ejércitos del rey, se organizaban para vigilar la costa y proteger sus hogares.

El nombre La Milicia del Mar hace referencia a esos guardianes del litoral que, conocedores del terreno, de la mar y de las torres de vigilancia, actuaban con rapidez y sigilo para frenar los desembarcos enemigos antes de que alcanzaran las poblaciones.

Nuestra inspiración histórica se encuentra en las torres de vigilancia que salpicaban la costa del Mar Menor, especialmente en la conocida Torre del Negro, utilizada durante siglos como punto de observación ante posibles ataques desde el mar.

Relato del Cautivo de la Torre del Negro

En los legajos nombran a esta atalaya como «del Arráez», y dicen que es hacienda de mi amo. Mas sepa el mundo que la tierra es de quien la suda. Por ello, el pueblo ya empieza a llamarla la Torre del Negro. Pues soy yo quien no conoce el sueño, el ojo que otea la mar cuando los cristianos cierran los suyos.

He de narraros lo que aconteció la víspera de San Juan, año de gracia del Señor de 1588. Pues juro a Dios que yo estuve allí.

Estaba la mar en calma, quieta cual plato, traicionera y propicia para el remo. Las vi despuntar de la negrura: tres sombras largas, fustas deslizando la quilla sin levantar espuma. Eran piratas berberiscos de Argel. Venían a rapiñar y degollar, creyendo en su soberbia que en la orilla solo hallarían pescadores borrachos y dormidos.

Ignoraban que la playa les guardaba una suerte distinta.

Abajo, embozados en la tiniebla de la arena, les aguardaban las Milicias del Mar.

Contuve el aliento. En mi diestra sostenía la antorcha chisporroteando. Podría haber dado la voz de alarma a las tropas del Rey Felipe II, mas esas tardan leguas en llegar. No. La treta era otra.

Dejé que los corsarios tomaran tierra. Dejé que mojaran sus botas y rieran por lo bajo, sacando los aceros. Cuando estuvieron a tiro de piedra, justo a mis pies, no di voz alguna. Solamente, dejé caer la antorcha.

La llama bajó desde lo alto de la torre girando en el vacío hasta besar el suelo.

En ese instante, la noche se quebró. De la oscuridad no surgieron soldados torpes. Salieron figuras prestas, envueltas en capas negras que flameaban cual alas de cuervo.

No fue una batalla, fue una masacre.

Lo que mis ojos vieron fue una danza de muerte. Los milicianos no acometían a lo loco; fluían como agua alrededor del enemigo. Vi el juego de las capas en el engaño: un giro rápido de muñeca y el paño volaba, cegando la vista del berberisco. El infiel lanzaba el tajo contra la capa vacía, y antes de cobrar el sentido, ya tenía el hierro frío buscándole las costillas.

Era vuestra merced gente rauda. Hombres y mujeres bregando con una destreza que ponía pavor en el alma. Sin corazas que os pesaran. Solo cuero, ligereza y mala sangre.

Vi a tres corsarios intentar cercar a un dúo de la Milicia. Gran yerro el suyo. Los mercenarios se plantaron espalda contra espalda. Fue un baile mudo bajo la luna: un paso atrás, un revuelo de tela negra y una estocada a fondo.

Los de Argel, que venían buscando ovejas, se toparon con lobos. En menos de lo que dura un credo, la orilla se convirtió en un matadero. La arena, antes blanca, bebía ahora un licor espeso y oscuro. Todo era carmesí bajo la luz de las estrellas.

Cuando tornó el silencio, bajé la vista. La playa estaba sembrada de cuerpos, mas los de la Milicia seguían en pie. Limpiaban sus hojas con sosiego, sin celebrar, como quien termina un oficio sucio pero necesario.

El cabo de la escuadra alzó la vista hacia mi ventana. No hubo saludos teatrales ni gestos de héroe. Simplemente envainó su acero, miró a sus hombres y murmuró la orden de retirada, tan bajo que casi se la lleva el viento:

—In umbra servimus.

Y tal como vinieron, se los tragó la noche.

Que se sepa, pues. Esta es la Torre del Negro, sí. Mas la arena que pisa esta torre es feudo de las Milicias del Mar. Y mientras ese lema susurrado siga vivo en la sombra, aquí no pondrá pie quien no sea cristiano.

DESCRIPCIÓN DEL TRAJE OFICIAL

El traje de La Milicia del Mar está pensado para representar a una milicia costera que se mueve con rapidez y sigilo, especialmente durante la noche. Por eso predominan los colores negro y gris, que simbolizan la oscuridad, la vigilancia y nuestra conexión con el mar.

En el caso de las mujeres, el traje está formado por pantalón negro con falda negra abierta por encima, camiseta gris y corsé negro. Como complemento llevan un cinturón negro ancho doble y una capa negra, que nos identifica como milicia y la fuerza que caracteriza a nuestro grupo.

Para los hombres, el traje está compuesto por pantalón negro, túnica gris, botas negras y cinturón negro ancho, acompañado también de brazaletes como complemento. Igual que las mujeres, los hombres llevan capas negras, que son el elemento común de toda la milicia y simbolizan tanto el camuflaje en la oscuridad como la unión del grupo.

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